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Las charangas
de Bejucal
Por Inés
María Martiatu
[15.07.2002]
Los bejucaleños
tienen fama de divertidos y por su cercanía a la capital han
hecho de sus fiestas un lugar obligado no sólo de los vecinos
del pueblo, sino de los alrededores. Aún gente de la ciudad
acude allí atraídos por sus famosas fiestas, las llamadas
Charangas.
En la época
colonial fue una celebración religiosa que comenzaba con la
misa de Aguinaldo y terminaba con la misa de El Gallo, el 24 de
diciembre. Los blancos hacían sonar matracas y gaitas en la
iglesia y los negros afuera sonaban güiros, botijas y tambores.
Pronto se convirtió en una fiesta profana.
Durante años se
ha mantenido la rivalidad entre los bandos surgidos de estos
grupos. El Bando Azul, La Musicanga, integrado por criollos,
nativos, negros esclavos y libertos. El Bando Rojo, Los Malayos,
por españoles, isleños y amigos de la corona. Más tarde
comenzaron a construirse las carrozas que representaban a cada
bando. Al principio eran llevadas en parihuelas, a la manera de
las procesiones de la iglesia católica. Más tarde eran tiradas
por bueyes e iluminadas con carburo. En esa época, los bandos
cambian sus nombres por El Alacrán y El Gallo, y después por
La Ceiba de Plata y La Espina de Oro, respectivamente.
Actualmente todos
sus habitantes se involucran en los preparativos y el entusiasmo
por las fiestas. Pasan casi todo el año preparando las
fastuosas carrozas.
Las fiestas se
celebran desde el siglo XIX alrededor de los días de Navidad y
año nuevo, 24, 25 y 26 de diciembre y primero de enero. Se
organizan actividades culturales de todo tipo. Ferias, kioscos,
bailes con orquestas y otras, pero el centro de Las Charangas
son las carrozas tradicionales. Asombran por su magnificencia y
alcanzan hasta 23 metros de altura.
En Las Charangas
se presentan participantes caracterizados de personajes
tradicionales. Estos se visten, se maquillan o se enmascaran y
adoptan actitudes cómicas que ya son conocidas por el pueblo.
Ma Corina, hombre disfrazado de mujer con grandes glúteos y
pechos que lleva sombrilla y se mueve bailando. El Yerbero,
vestido con traje casi en harapos. La Bollera, con disfraz de
negra vendedora de frituras. Con sus chanzas y disfraces hacen
divertir al público asistente. Pero no pueden faltar los
famosos tambores de Bejucal. Este conjunto ha alcanzado gran
reconocimiento y participado en giras nacionales e
internacionales, sobre todo acompañando a la comparsa Los
Guaracheros de Regla.
Las Charangas de
Bejucal, junto con Las Parrandas de Remedios y los carnavales de
Santiago de Cuba, están consideradas tres festividades
nacionales que mantienen su carácter tradicional y forman parte
importante de nuestro patrimonio. Las Charangas han sido objeto
de investigaciones y trabajos en la prensa. Recientemente por el
Boletín de Cultura "Angerona", de la provincia de La
Habana, pudimos conocer que estas fiestas merecieron el
importante premio Memoria Viva que otorga el Centro Juan
Marinello.(tomado de
la revista Cuba Internacional)
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