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Muchas vidas
dependen de Yuri
Texto y Foto: Joel Mayor Lorán-enviado especial
[09.10.2002]
Cierta vez que Yuri Roche
visitó a sus pacientes en Chansolme, departamento Noroeste de
Haití, descubrió a la madre y su niña todavía infectadas con
escabiosis. No estaban usando el medicamento indicado, por no
tener dinero. Entonces, acudió de inmediato a las plantas
medicinales para combatir esas afecciones.
Sucede que, a
veces, es preciso acompañar al paciente aun más allá de la
consulta. Y eso hacen los cooperantes cubanos en la hermana
nación caribeña, pues su misión consiste en iniciar una
transformación radical en los modos y estilos de vida de ese
pueblo, que influya en el mejoramiento de su nivel de salud.
"Imaginé
este país en una situación peor, pero ya se aprecian los
resultados de la colaboración médica cubana, en la exigencia a
los programas de salud. Desde la llegada del primer grupo hasta
hoy se ha logrado avanzar."
Este galeno, jefe
de grupo básico en el policlínico Pedro Esperón en el
municipio habanero de Bauta, confía en la posibilidad del
éxito. "Hemos de apoyarnos en la familia, como instrumento
de trabajo para realizar una labor más eficiente en la
comunidad."
Desde el 25 de
octubre del 2001, Yuri no conoce otro cielo que el de Haití,
muchas veces parecido al de la mayor de las Antillas, solo que
muy lejos. Piensa en su casa en Cuba, prestada y en condiciones
de derrumbe, según me cuenta. Y extraña mucho.
"Tengo dos
niños: Yusmary y Yurismel. Les he enviado fotos con amigos
haitianos, que son muchos, los que no pensaba tener. Cuando
hablamos, me dicen: papi, ¿cuándo vienes?"
Sin embargo, el
doctor aquilata su responsabilidad: no son pocas las vidas
humanas que dependen de él, de hallarle siempre en el
dispensario, o en casa, a la hora precisa. ¡Cuántos niños
sobrevivirán a un parto inseguro! ¡Cuántos han conseguido
escapar de la Malaria, la Fiebre Tifoidea, las Infecciones
Respiratorias Agudas y otras enfermedades crónicas!
Lamenta
profundamente como las condiciones de hacinamiento deprimen la
salud de los habitantes de Chansolme, a pesar de sus esfuerzos.
Esa es la pobreza, con su estómago de hierro, que puede
tragarse hasta la voluntad de los hombres.
Mas, nuestro
médico continúa su labor asistencial y la complementa con
acciones sobre el terreno, en los domicilios mortales de sus
nuevos hermanos. Actúa sobre las enfermedades infecciosas más
frecuentes. Explica cómo evitar las infecciones de la piel.
Realiza todo tipo de promoción de salud.
Y sueña con la
posibilidad de un Haití diferente: donde se alcance a vivir sin
riesgos y la amistad no pueda derrotarla ni el límite brutal de
los 50 años.
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