La
Metangala a ritmo de tambor
A ritmo de tambor
se escapa la danza, te encuentra, te atrapa y luego te lanza.
A ritmo de tambor la danza se crece, te inunda, te
embriaga y luego te mece.
[01.10.2003]
Como embriagados en la
trampa de nuestra danza cadenciosa, protagonizaron su espectáculo
amigos casi hermanos. El teatro María Teresa Vera en Guanajay
ha sido testigo en más de una ocasión de cómo los ritmos
cubanos se adentran en las entrañas de otros pueblos y atrampan
el corazón de sus hijos.
A
la energía que nace de nuestra rumba y conquista al bailador
algunos la llaman Metangala, "ese y no otro era el nombre
para identificar a la academia fundada en Italia con el objetivo
de difundir nuestros ritmos,
su música y sus raíces, desde lo afrocubano hasta lo
contemporáneo".
El
bailarín y coreógrafo guanajayense Esmil Díaz es el autor del
proyecto cultural “La Metangala” que suma a jóvenes
italianos apasionados a la danza cubana.
Como profesor, Esmil no solo les enseña a bailar sino que
incorpora a sus clases diversos instrumentos musicales y aborda
la teoría en un recorrido por las raíces de la música y la
danza en esta isla caribeña.
Lo
cierto es que cada vez son más los enamorados del proyecto.
Desde hace tres años Esmil visita Guanajay con un grupo
diferente cada vez. En el teatro María Teresa Vera se produce
entonces la fusión de su espectáculo con la actuación de
aficionados del territorio.
En
su última presentación Metangala regaló su arte, pero efectuó,
además, un donativo en metálico a la Dirección Municipal de
Cultura destinado a la reparación del teatro que les recibe con
cariño y respeto: "Un aporte simbólico, pero que se puede
multiplicar en el futuro, sobre todo por las impresiones de los
italianos que hoy visitan la isla.
Ellos se quedaron sin palabras luego de la actuación.
Descubrieron un público especial frente al escenario, en muchos
rostros percibí que la emoción se desbordaba y corría por las
mejillas. Fue algo muy tierno, el mejor regalo para un artista."
La
Academia Metangala no es un sueño sino una realidad que habita
en Verona, Italia. El escenario del romance Romeo y Julieta
acuna hoy un proyecto hermoso, solidario. A ritmo de tambor los
hijos de esa tierra aprenden a conocernos atrapados en nuestra
danza.
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