Monte Athos: una
rareza en tierras griegas
Por Oscar Rodríguez Díaz
[02.10.2004]-Hora
11:20 am de Cuba
Grecia, cuyos
paisajes dieron la vuelta al mundo en brazos de las señales
televisivas en el mes de agosto, es un país lleno de
interesantes y renombrados sitios de la historia antigua, en
cuyos entornos los hombres de entonces, poseídos de un infinito
afán creador, se esmeraron para regalar al futuro encumbradas
obras de arte y sentencias filosóficas que han resistido el
paso de los siglos.
La milenaria
nación es, en síntesis, una importante plaza de la cultura
universal que hoy vierte sus secretos, enigmas y bellezas sobre
oleadas millonarias de turistas que recorren, con la emoción de
ver la historia a sus pies, el mítico Peloponeso, la región
del Ática y Atenas o las decenas de evocadoras islas que como
Creta, Milos o Andros emergen altaneras en el Mar Egeo.
Cuna de los
primeros filósofos, poetas y arquitectos de la humanidad, los
griegos legaron a la posteridad un baúl de gigantescos y
útiles aportes que siguen y seguirán causando admiración.
Pero tiene
también rarezas, como la que hoy presentamos, ubicada en el
saliente oriental de los tres que conforman la península de
Calcídica, llamado Aktí, donde se levanta una montaña
marmórea de 2 033 metros de altitud lamada por los griegos
Aylon Oros y conocida en español como Monte Athos (Monte Santo
en italiano).
La montaña y un
sector del brazo peninsular de Aktí constituyen una unidad
administrativa a la que Grecia reconoció autonomía política
en 1926 y asentó como distrito autónomo o comunidad monástica
en la constitución de 1975.
El sitio, con un
área de 336 km. cuadrados (algo menos que la del municipio
habanero de Santa Cruz del Norte) se llama República de Monte
Athos y posee autonomía para resolver sus asuntos internos o
domésticos, fungiendo la pequeña localidad de Karyai como
capital.
La rara entidad
posee 20 monasterios (los primeros de ellos levantados en el
siglo IX) y 12 ermitas de la religión griega-ortodoxa, todos
reunidos dentro de una gran muralla edificada en el pasado para
la protección contra los ataques piratas. Es administrada por
un consejo de cuatro miembros y una asamblea de 20 diputados,
uno por cada monasterios, en tanto el gobierno griego se hace
representar en el territorio por un prefecto.
En Monte Athos la
maternidad no existe, pues solo residen en él unos pocos miles
de hombres en calidad de frailes. La población, estrictamente
masculina, se renueva de manera mecánica, es decir, proviene de
la inmigración.
Desde el siglo XI
de la era actual y según las ordenanzas de los frailes, se
prohibe terminantemente la presencia de mujeres. A ello añado y
declaro (que lo encontré con asombro en la edición de 2004 de
la Enciclopedia Encarta) que la prohibición se extiende a
animales hembras, por lo que supongo que ni siquiera como
tiernas mascotas existan perras ni gatas, y que muy
probablemente las únicas excepciones tengan que ver con las
aves o los insectos del sexo femenino que ineludiblemente
penetran en un espacio vedado para él.
Si un barco donde
viajen mujertes se acerca a Monte Athos, debe fondear a no menos
de 500 metros de la costa y señalizar, por los medios
tradicionales, que lleva en su vientre presencia femenina.
En tal caso,
intento imaginar las contrariedades de la innata curiosidad de
las presuntas pasajeras ante las murallas desafiantes de una
comarca extraña en la que, increíblemente, su estancia es
considerada como tabú desde hace más de nueve siglos.
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