[06.06.2005]-Hora 10:50 am de Cuba
Como un resorte, los más de 1 400 delegados e
invitados de 66 países que participan en el
Encuentro Internacional contra el Terrorismo, se
pusieron de pie y ovacionaron a un joven chileno que
acababa de ofrecer un testimonio solo apto para
corazones sanos.
Manuel Guerrero, quien con solo seis años de edad
sufrió torturas y vivió la angustia de que su padre
fuera, primero secuestrado y años más tarde
asesinado, fue, en mi opinión, una de las notas más
significativas dentro de una jornada llena de
verdaderas denuncias al terrorismo y a los gobiernos
que lo apoyan y financian.
Explicó el joven que fue en el año 1976, cuando
secuestraron a su padre en plena vía pública luego
que un comando de la dictadura lo baleó junto a la
madre que estaba en estado de gestación.
A él lo secuestraron, lo torturaron, dijo, y
agregó:
Estoy seguro que mi pequeña hermana, desde el
vientre de la madre, escuchó el balazo que hirió a
mi padre.
Lo buscamos por cárceles, morgues, campos de
concentración. En ese peregrinaje lo encontramos
herido y torturado, y junto a él nos llevaron a un
calabozo. Ya mi hermana tenía un mes de nacida, y yo
era un niño, y estábamos con mi madre. Allí, al lado
de la celda en que tiraron a mi padre, fuimos
torturados para que él oyera lo que se nos hacía y
tratar de esa forma de quebrar su resistencia, narró
el chileno Manuel Guerrero.
Luego se refirió a que, una vez sacados de la
cárcel, tuvieron que ir al exilio, del que
regresaron para incorporarse a la lucha contra la
dictadura, y el 29 de marzo de 1985 secuestraron
nuevamente a su padre, quien apareció al día
siguiente degollado.
Sus palabras finales, en medio del aplauso del
plenario, constituyeron un llamado a que "este
testimonio no nos lleve a la parálisis"
Aseguró que su padre no es una víctima, es un
combatiente y por eso fue asesinado.
Seguidamente hizo un llamado a los partidos y
hombres de izquierda a estar unidos en la lucha, no
en el llanto.
Hay que aprender y sistematizar esta experiencia,
hasta poner fin a este imperialismo injusto y
sanguinario", concluyó.
En la propia sesión, el médico e investigador
paraguayo, Alfredo Boccia, se refirió a que nunca
antes en la historia del continente se realizó un
evento como este, donde se están juntando las piezas
que conforman las acciones terroristas y lo referido
al Plan Cóndor.
Manifestó que lo que más impresiona es el largo
tiempo en que el manto de silencio se extendió en
nuestros pueblos mientras miles de nuestros
hermanos, amigos, compañeros, eran torturados,
desaparecidos, muertos...
El Cóndor, un ave de carroña, soberbia, de los
Andes, fue el nombre escogido para esta operación
que vinculó a las dictaduras sudamericanas con los
gobiernos de Estados Unidos. Pero parecía demasiada
ficción para ser cierto, relató.
Dijo que 1989 los paraguayos se enteramos de que
eso existía realmente, aunque 13 años antes —lo
sabemos ahora—, las comunicaciones de la CIA y el
FBI demostraban que esos organismos de inteligencia
norteamericano conocían perfectamente la existencia
de ese siniestro operativo, su organización, su
nombre.
El galeno paraguayo dijo que más de 22 000
militares latinoamericanos fueron entrenados en
técnicas de torturas y muerte en la Escuela de las
Américas del ejército de Estados Unidos, también muy
vinculados a hombres de la extrema derecha
cubano-americana radicada en Miami.
Explicó que esa especie de MERCOSUR trasnacional
del terror surgió y se desarrolló rápidamente,
mientras el MERCOSUR económico, de colaboración, el
necesario, apenas ha avanzado, y tiene una década de
creación.
Nora Cortiñas, argentina, una de las madres de la
Plaza de Mayo denunció el terrorismo económico que
con su alta cuota de deuda externa y
condicionamientos, ha llevado a los países
latinoamericanos a la pobreza y causa, solo en
Argentina, la muerte de más de cien niños por día,
por hambre o enfermedades curables.
Dijo que los desaparecidos y muertos durante la
Operación Cóndor eran jóvenes, luchadores
revolucionarios, dirigentes sindicales de base, y
todos buscaban la liberación de nuestros pueblos, y
miraban las figuras del Che y de Fidel que
iluminaban ese camino.
Otros relatos y testimonios hicieron de la
jornada una verdadera cátedra sobre tácticas y
estrategias para combatir al terrorismo y para
avanzar en un mundo mejor y posible.