|
Afganistán: Washington y la OTAN necesitan a los
señores de la guerra
Por
Gareth Porter
[06.11.2009]-
Actualización 10:20 am de Cuba
Un hermano del
presidente afgano Hamid Karzai, Ahmed Wali Karzai,
ha recibido durante mucho tiempo un salario de la
Agencia Central de Inteligencia (CIA)
estadounidense, según informó el diario The New York
Times. Pero esto es apenas la punta de un enorme
iceberg.

Mohammad Qasim
Fahim, uno de los señores de la guerra de
Afganistán, quien dispone de su propio
ejército. |
El
dato constata la fuerte dependencia de las fuerzas
contrainsurgentes de Estados Unidos y de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)
con los señores de la guerra de Afganistán, quienes
les garantizan su seguridad. Así lo advierten
informes realizados por periodistas australianos y
canadienses.
Contingentes militares estadounidenses y de la OTAN,
que operan en las provincias del sur y el este del
país, donde predomina la etnia pashtun, contratan
milicias privadas controladas por señores de la
guerra para que les brinden servicios de seguridad
en sus bases y convoyes, según las fuentes de esos
reportes.
El
general Stanley A. McChrystal, principal comandante
estadounidense en el país asiático, admitió que los
vínculos entre las fuerzas occidentales y los
señores de la guerra son causa de malestar en la
población local. Y no parece haber cambios a la
vista en esa política, pues las tropas extranjeras
no tienen otro modo de darse seguridad.
El
Centro sobre Cooperación Internacional de la
Universidad de Nueva York publicó en septiembre un
informe según el cual, Estados Unidos y la OTAN
contratan con frecuencia a empresas de seguridad
propiedad de los señores de la guerra, cuyas
milicias compiten por el poder con instituciones del
Estado afgano.
El
informe menciona el ejemplo de empresas propiedad de
familiares y aliados de jefes de grandes milicias,
que han sido contratadas en cuatro provincias.
Los
señores de la guerra brindan servicios de protección
por ejemplo, a las fuerzas especiales
norteamericanas, a los convoyes de la Fuerza
Internacional de Asistencia en Seguridad (ISAF), así
como a militares canadienses, alemanes y
australianos; y por tales servicios cobran
millonarias cifras en dólares.
En
Badakhshan, por ejemplo, el general Nazri Mahmed, un
señor de la guerra que "controla una parte
significativa de la lucrativa industria del opio de
la provincia", según los periodistas, se encarga de
la seguridad del equipo alemán de reconstrucción que
actúa allí, indica el informe publicado por la
Universidad de Nueva York.
El
estudio sugiere que Estados Unidos y la OTAN gastan
cientos de millones de dólares por año en contratos
con servicios de seguridad afganos, la mayoría de
los cuales son brindados por jefes de milicias
locales acusadas de violaciones de derechos humanos.
Además
de Ahmed Wali Karzai, el informe identifica a otro
hermano del presidente, Hashmat Karzai, y al hijo
del ministro de Defensa Rahim Wardak, como figuras
poderosas, que controlan las empresas de seguridad,
las cuales no están registradas ante las
autoridades.
Las
fuentes estimaron, además, que 120 000 personas
pertenecen a unas 5 000 milicias privadas en
Afganistán.
La
mayoría de los señores de la guerra son mal vistos
en este país, en particular porque los ejércitos
privados que comandan cometen robos y diversos actos
de violencia contra civiles con total impunidad.
El
general McChrystal sostuvo en agosto que existe "ira
y molestia" de la población hacia la ISAF, porque se
la percibe como "cómplice" de "corrupción y abuso de
poder generalizados".
Fue el
propio McChrystal quien implementó en el pasado la
política de dependencia de los señores de la guerra,
y ahora es quien manifiesta preocupación por sus
consecuencias.
"No
veo cómo las tropas de Estados Unidos y de otros
países podrían mantener sus bases operando sin
pagarles a estos tipos", dijo a IPS uno de los
coautores del informe de la Universidad de Nueva
York, Jake Sherman, funcionario de la ONU que
trabajó en el proceso de desarme de los señores de
la guerra entre el 2003 y el 2005.
Además, si los comandantes rompieran relaciones con
las milicias privadas, ellas "se convertirían en una
amenaza real a la seguridad", agregó.
Sherman recordó, incluso, el ataque con un cohete a
un depósito del Programa Mundial de Alimentos (PMA)
en Badakhshan, mientras él estaba allí, el cual, fue
cometido por policías para que esa agencia de la ONU
contratara más vigilancia, como se supo luego.
En los
años siguientes a la caída del Talibán, la CIA
estadounidense comenzó a pagarles salarios a los
comandantes de las milicias que derrotaron a la
organización islamista, y les entregó armas y
equipos de comunicaciones. (Fragmentos tomados de
IPS). |