Tegucigalpa, 29 nov (PL) Cinco meses después del
golpe de Estado en Honduras, el régimen de facto
pretende legitimar la asonada a
través
de las elecciones convocadas para hoy, una peligrosa
maniobra que sienta un mal precedente en la región.
"Las elecciones generales en un Estado de facto,
sin que previamente se haya restaurado la democracia
y el Estado de Derecho, son una aberración jurídica,
una burla y un engaño al pueblo", advirtió el
presidente constitucional Manuel Zelaya.
Zelaya fue secuestrado en su residencia el pasado
28 de junio por militares encapuchados, que lo
llevaron a la base militar de Palmerola y luego a
Costa Rica.
"La cúpula de las Fuerzas Armadas me ha
traicionado", denunció el mandatario, quien
responsabilizó con el cuartelazo a una élite muy
voraz, con mucho control en el Congreso, la cual
maneja política y económicamente el país.
Tras dos intentos infructuosos por ingresar al
territorio, primero por el aeropuerto de Toncontín y
después a través de la frontera con Nicaragua,
Zelaya logró llegar a Tegucigalpa el pasado 21 de
septiembre y desde entonces permanece en la embajada
de Brasil.
El 30 de octubre último fue firmado un acuerdo
para resolver la crisis, pero el pacto fracasó por
las maniobras dilatorias del Congreso para restituir
al presidente y la intención del jefe del régimen,
Roberto Micheletti, de encabezar un gobierno de
unidad nacional.
Bajo estas condiciones, los hondureños están
llamados este domingo a acudir a las urnas para
elegir a un presidente, tres vicepresidentes, 128
diputados, 298 alcaldes y vicealcaldes y dos mil
concejales municipales.
Cinco candidatos aspiran a la primera
magistratura: Porfirio Lobo, del Partido Nacional;
Elvin Santos, del Liberal; Felícito Ávila, de la
Democracia Cristiana; Bernard Martínez, de
Innovación y Unidad Socialdemócrata; y César Ham, de
Unificación Democrática.
Mientras, el candidato independiente, Carlos H.
Reyes, renunció a participar en la farsa para no
legalizar el golpe de Estado.
"No podemos acudir a las urnas mientras no se
restituya a Zelaya", dijo Reyes.
Varios países latinoamericanos, entre ellos
Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay,
Bolivia y Nicaragua, anunciaron su desconocimiento
al proceso ilegal.
"América Latina tiene experiencias de sobra de
golpistas que usurparon el poder rompiendo los
principios democráticos, y si aceptamos eso, puede
ocurrir lo mismo en otro país mañana", dijo el
presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
Para el jefe de Estado ecuatoriano, Rafael
Correa, el hecho de que en la región tengan lugar en
pleno siglo XXI golpes de Estado de la manera más
salvaje, similares a los de hace tres o cuatro
décadas, es muy peligroso y preocupante.
¿Cómo pueden celebrarse elecciones democráticas
con los militares en la calle, en un país sitiado?,
se preguntó el mandatario de Venezuela, Hugo Chávez,
y afirmó que los países latinoamericanos libres no
reconocerán esos comicios.
Un total de 31 mil soldados y policías, e incluso
grupos paramilitares, equipados con modernos
aparatos de represión, fueron desplegados en todo el
territorio con motivo de las votaciones.
Hasta el momento sólo Estados Unidos, Panamá,
Perú y Costa Rica han manifestado su disposición a
validar las elecciones.
Mientras, la ONU, el Grupo de Río, la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América
(ALBA), la presidencia de la Unión de Naciones
Suramericanas (UNASUR) y otros mecanismos
manifestaron su desconocimiento a ese proceso.
El Frente Nacional contra el golpe de Estado en
Honduras, que agrupa a una vasta gama de
organizaciones populares, llamó a la ciudadanía a no
participar y permanecer en sus casas desde las 06:00
hasta las 18:00 hora local.
"Es un toque de queda popular en protesta por el
fraude montado por los golpistas", dijo Rafael
Alegría, uno de los líderes de la resistencia.
La dictadura aspira, a través de elecciones,
terminar la crisis creada por la asonada. "De ser
así, la magia de los comicios probará ser la piedra
filosofal de los golpes de Estado para justificarse
y transmutarse en democracia", alerta el diario
Tiempo.
Para la región, constituye un mal precedente el
hecho de que los autores del cuartelazo, sin
recomponer el orden quebrado por ellos mismos ni
efectuar una nueva constituyente, pretendan revertir
el golpe a través de la convocatoria a elecciones
espurias.