San Antonio de los Baños esconde disímiles
secretos. Dos ariguanabenses consideran tener en sus manos una
alternativa que contribuiría a un mejor desarrollo de la agricultura
cubana, en un ambiente más sano. Ello presupone la realización de
importantes estudios que demuestren que las acciones propuestas son
acertadas para su futura aplicación.
Desde los tiempos de la colonia, nuestros ancestros han
hecho uso de un singular procedimiento, a fin de lograr la renovación y
fructificación de diversas plantas. Según historiadores, el surgimiento
de esta práctica no se conoce, pero piensan que pudo devenir de las
primeras comunidades españolas que arribaron a Cuba, por sus importantes
aportes al desarrollo agrícola cubano.
Me refiero al tradicional proceso de podar ramas,
introducir barras de hierro o clavos (incluso calientes) a los troncos
de árboles que, aún en etapa de madurez, no han parido y, tras este
proceder, muchos se convierten de machos a hembras y se
cubren de flores
y frutos en el próximo año. Tal es el caso del mamoncillo, papayos, aguacateros, cocoteros...e, inclusive, matas de mango.
Estos fenómenos han suscitado el interés de Carlos
Hernández Fuentes y María Padrón Rodríguez, geobiólogo y técnica en
Espectroscopía de Emisión Atómica, respectivamente. Ellos les llaman a
tales prácticas fitopuntura criolla y las consideran como una variante
cubana de la geopuntura clásica, nacida en la Península Ibérica,
esencialmente.
"La diferencia estriba en que, en vez de enterrar barras
metálicas en el suelo alrededor del árbol, para armonizar su bioenergía,
en Cuba se incrustan en los troncos, generalmente con buenos
resultados", asegura María.
Lo cierto es que, en todos los procedimientos referidos,
se emplea el metal, a temperatura ambiente o al "rojo vivo". Según
Carlos, si está caliente, y se utilizan barras en la fruta bomba, se
dejan una o dos pulgadas fuera del tronco y, en el caso de clavos de
línea, se incrustan hasta la cabeza.
"Si bien son clavados pedazos de hierro e, incluso,
rejas cuadradas, también se han visto clavos de líneas férreas adheridos
a la planta que se quiere `cambiar´, añadiéndole, en algunos casos,
algún tipo de oración para dar lugar al `milagro´ de la fertilidad,
mediante el cual se alcanza la fructificación."
En busca de una explicación más convincente, estos
especialistas han decidido acudir a sus conocimientos sobre las energías
que emanan de la tierra, y la influencia de estas y otros factores en
los procesos hormonales que tienen lugar en el desarrollo de los seres
vivos. Aunque aún no han probado su tesis, esta puede sentar un
precedente para futuras investigaciones al respecto.
Diversos estudios realizados al papayo (fruta bomba),
comprueban la presencia de tres tipos de flores en un mismo árbol:
unisexuales masculinas, femeninas y hermafroditas (ambos sexos). Ello
permite afirmar que todos están dotados de iguales posibilidades para
dar frutos. Como aseguran los autores, lo que determina sus
características sexuales es el desarrollo y funcionamiento de las
hormonas reguladoras de los órganos reproductivos.
"El incremento de dichas hormonas —explica Carlos—
depende al mismo tiempo de factores internos y externos, los últimos
generalmente condicionan la formación de los primeros. Entre ellos se
encuentran la luz, el agua, elementos minerales presentes en el suelo...
y desempeña un importante papel la temperatura. De ahí la posible
explicación de parte del fenómeno.
"El clavo caliente puede ejercer, en varios casos, una
agitación térmica en las moléculas de estas hormonas autógenas. Los
órganos sexuales femeninos, que se encontraban ‘adormecidos’, son
estimulados térmicamente y, al lograr su desarrollo, lógicamente
proporcionan la fructificación de la planta."
Pero, ¿qué ocurre cuando utilizamos el hierro frío,
digamos, en un tronco de mamoncillo? Aquí no existe el elemento externo
modificador como la temperatura. María cree tener la explicación.
"Nuestra tesis es que, tanto en el caso del clavo
caliente como en el frío, influye, además, el factor externo de la
modificación bioenergética. Al introducir la barra o el clavo en el
tronco, el campesino puede corregir la disarmonía propia del árbol y de
éste con respecto al suelo, en caso de que estuviera situado sobre zonas
de fuerte alteración energética."
En Cuba, actualmente, se tienen amplios conocimientos
para manipular el comportamiento de las hormonas autógenas, y se aplican
a las plantas en estado embrional. Tales procedimientos se desarrollan
en centros científicos destinados a potenciar el desarrollo agrícola,
los cuales cuentan con toda la tecnología y los recursos necesarios.
"Estas técnicas son empleadas a gran escala en extensas
áreas de cultivo, donde no se observan plantas `machos´, sino que
fructifican en su totalidad. De esta forma, se mantiene vigente la
disarmonía generada por las zonas alteradas de los suelos sobre
numerosos árboles, que pudieran ser beneficiados, en el futuro, con el
empleo de la `fitopuntura criolla´.
"De probarse que este ancestral método resulta
beneficioso en su totalidad, si no es idóneo implementarlo a gran
escala, pudiera constituir una alternativa al sector privado campesino,
a fin de mejorar las cosechas de estos cultivos donde se aplica. En el
caso de la fruta bomba, se ha comprobado, por diversos productores, la
fructificación del 80 por ciento de las plantas que experimentaron el
proceso, las cuales nunca habían mostrado signos de fertilidad."