Por amor a la medicina
Por Yuniet Escobar Ortega
Foto: Joel Mayor
[22.05.2002]
La primera vez no quería ser
entrevistada. Temía a la prensa. Después comprobé que era una
excelente conversadora. A veces no hacía falta preguntas. Su
diálogo ameno condujo nuestra charla por buen camino. Así supe
de gustos, angustias y nostalgias de esta pinareña de
excepcional rendimiento.
Kenia María Padrón es de esas
personas que contagia por su entusiasmo. Habla el créole como
si hubiera vivido en Haití toda su vida. Trabaja
incansablemente por los pobladores de Capotille, comuna del
departamento Nordeste. No importa cuán tarde termine.
Ahora se empeña en aprender
francés en el poco tiempo libre que le dejan las consultas,
charlas y estudios. "No quiero irme sin aprovechar la
oportunidad de conocer dos idiomas. Por eso los fines de semanas
aprovecho y repaso un poco las lecciones"- asegura Kenia.
Cuando llegó, traía las
experiencias ganadas en el poblado Niceto Pérez, de la
provincia guantanamera. Los partos en condiciones difíciles y
las remisiones a caballo fueron algunas de sus primeras
aventuras.
Enfrentar una forma de vida
diferente, con estilos y creencias contrarias, constituye un
gran reto. Sin embargo, esta pinareña los ha vencido sin
mayores contratiempos.
UNA CARTA A FIDEL
Cada mañana se dirige al dispensario del pueblo. Solo unos cuantos pasos la separan de
este centro asistencial. Muchas personas vienen a la consulta
los lunes. Cerca de las tres, Kenia llama a su último paciente.
Por las tardes no descansa. La
enfermera Rosa la acompaña a las charlas. Cualquier local
sirve. Lo mismo la escuela, la iglesia, el centro del pueblo...
Lo importante es la educación de los niños, ancianos, mujeres,
hombres.
La doctora les habla sobre
sexualidad, importancia de la lactancia materna, hábitos
sanitarios, higiene ambiental... No hay tema prohibido. Todos
pueden opinar. Así ambos aprenden: ellas, de costumbres
haitianas; ellos, de enfermedades cuyos nombres les resultan
difíciles de pronunciar.
Kenia y Rosa se sienten
contentas. Se han ganado la confianza de las matronas. Muchas
vienen a recibir sus clases cada quince días. Incluso cuentan
con el conocimiento de la profesional cubana a la hora del
parto. Cada vez aumenta el número de embarazadas que reciben la
supervisión del personal médico.
Para la mayoría de la población
resulta una bendición del cielo. Nunca antes habían tenido una
doctora tan paciente y bondadosa que los tratara con cariño.
Por eso han decidido escribirle una carta a Fidel.
No quieren que se marche. Han
propuesto hacerle una pequeña casa, y entre todos reúnen para
la posible boda. Quizás teman que su partida cambie la vida de
la comuna.
EXISTE LA MAGIA
Mackandal y Ti Noel, con sus
increíbles historias, no son solo imaginación de Carpentier.
De eso está segura Kenia. "La primera vez que leí El
reino de este Mundo pensé que la mayor parte era ficticia.
Pero desde mi llegada a Haití cada palabra cobra vida".
Por más increíble que parezca,
la gente sigue creyendo en las mismas leyendas. No resulta loco
asegurarlo. Lo mismo profesionales, campesinos o niños conocen
la realidad de los zombies. Los mitos y creencias religiosas
forman parte de la vida haitiana. Con los años no han hecho
más que reafirmarse en la conciencia de las personas.
"Cuando estaba en Cuba
soñaba con la Ciudadela La Ferriére. Siempre me impresionó la
descripción de Alejo Carpentier. Desde mi llegada me propuse
visitarla. Ahora comprendo lo mucho que debieron sufrir los
esclavos" –cuenta la pinareña, y un suspiro de
compasión escapa de lo más profundo.
Para llegar a la alta montaña de
la Citadell, se necesita de la voluntad de imponerse a la
difícil subida. Después de un buen intento a pie, Kenia y sus
amigos se compadecen de los negros explotados. Sus ladrillos son
las mochilas que empiezan a pesar. Muchos se debaten entre
seguir caminando o montar a caballo. "Si Ti Noel pudo,
nosotros también" – es la respuesta de algunos.
La Ciudadela impresiona por su
majestuosidad. Es considerada una de las mayores fortificaciones
del arte constructivo de la época.
Cerca de 12 mil trabajadores en
condición de esclavos, fueron los responsables de tan
increíble construcción. Los callones, la brisa de la montaña
y la lectura del libro de Carpentier permiten el traslado a la
época.
Entonces, Kenia cree ver a los
lejos al pobre Ti Noel. Sus débiles piernas no dan más. Viene
acompañado de miles de haitianos. Los ladrillos y el látigo ya
no existen. Convertidos en hombres libres en el reino de los
cielos parecen saludar a los visitantes.
Nada, que la magia existe.
Contagia. "No dejen de ir a la Citadell. Ningún cubano
debe perderse esa experiencia" –nos dice Kenia.
MI MAYOR PASIÓN
"Si no fuera médica, sería
médica. La medicina es mi mayor pasión. Cuando era pequeña
siempre andaba con inyecciones. Mis pobres muñecas sufrían
mucho. Mi juguete favorito fue un esfigmo. Siempre andaba
conmigo" –describe entre risas.
Dedica todo su tiempo al estudio.
Le gusta salvar vidas. Disfruta con cada cosa que hace. No la
detienen los sacrificios, los partos a mitad de la noche sin luz
eléctrica; un farol improvisado basta.
Haití le ha dado la posibilidad
de realizar su mayor sueño. "Me gusta estar cerca de mis
pacientes en el momento crítico. El mayor placer que puede
sentir un médico es devolverle la vida a un enfermo. No me
imagino estudiando una especialidad que me prive de ello".
Ella y la muerte juegan a
encontrarse. Kenia siempre sale victoriosa. Los conocimientos
adquiridos en el transcurso de la carrera se lo han permitido.
Cuando vuelva a Cuba piensa estudiar cardiología. Sin dudas, el
enfrentamiento con la parca comienza para ella.
Para entonces, los pobladores de
Capotille, las historias de zombies y el mágico encuentro con
Ti Noel, serán solo un recuerdo grato en su memoria. Tal vez le
esperen otras historias o nuevos niños que salvar.