Un alto precio
Texto y foto: Yuniet Escobar Ortega
[27.05.2002]
D. Cristine tenía 19 años y 24
semanas de embarazo. En la casa dos niños menores de cinco
años esperaban por ella. Su esposo en Cabo Haitiano no sabía
la noticia. Estaba muerta. La terrible enfermedad había
penetrado en su cuerpo. Apenas le alcanzó el tiempo para
despedirse de los pequeños.

Jansel Pérez |
Dicen que murió tranquila en
compañía de sus padres. Ellos se hicieron responsables de los
niños. El esposo nunca más apareció. Muchas veces intentaron
localizarlo, pero felizmente casado en Cabo, olvidó a la pobre
D. Cristine y su tragedia.
Tal vez temía enfrentarse a la
dura realidad. Todo indica que padece de SIDA. La muchacha
murió contagiada. Quizás sus bebés también estén enfermos;
mas, cómo saberlo. En Grand Bassin, comuna del departamento
Nordeste, un análisis de VIH puede llegar a costar 150 gourdes
(moneda haitiana). La mayoría no puede pagarlo. Entonces, optan
por un milagro de Dios.
LOS NIÑOS TAMBIÉN
Yolan y Roro son dos pequeños de
tres y cuatro años. Su historia es parecida. Ninguno se conoce.
No saben de la existencia del otro. Sin embargo, están
condenados a muerte. El reino de este mundo no le sonrió como
suele hacerle a los niños. Su triste historia venía marcada
mucho antes de nacer.
Sus madres estaban infectadas con
el VIH. Posiblemente la movilidad de sus esposos hacia
República Dominicana, en busca de trabajo, sea la causa de la
enfermedad. Nadie puede asegurarlo. Los hombres casi nunca
permanecen en casa.
"Es muy difícil hacerles un
análisis. La mayor parte del tiempo están en otros lugares.
Cuando pregunto, siempre escucho la misma respuesta: ‘li alé’
(se marchó). Los cito una y otra vez, pero nunca vienen"
–explica el habanero Jansel Pérez, graduado con excepcional
rendimiento.
Yoland y Roro no son los únicos.
En Haití sus historias suelen repetirse. Los galenos cubanos
enfrentan a diario casos parecidos, no importa si en el Sur,
Norte, Nordeste... Lo cierto es que pudieran ser más. Cada día
nuevos infectados llegan a las consultas.
"No podemos hacer mucho por
ellos. Se habla y se explica los riesgos de la enfermedad. Les
indicamos las medidas preventivas. Algunos van hasta Puerto
Príncipe para un tratamiento".
Otros, al contrario, se retiran a
sus casas. Acuden al doctor ante una dolencia. La enfermedad
comienza a manifestarse. En esos casos la medicina más
importante resulta la comprensión y el buen trato de nuestros
médicos.
"El procedimiento más
efectivo es conversar mucho con los pacientes. El factor
psicológico juega un papel fundamental. Trato de mantenerme en
contacto con ellos. Los cito a consulta. Así voy conociendo la
evolución de la enfermedad" –cuenta Jansel.
JUGANDO CON NÚMEROS
A nivel mundial Haití ocupa el
lugar 23, en tasas de incidencia del VIH. Aunque el número de
enfermos aumenta diariamente. De enero del 2000 a marzo del 2002
en la comuna de Grand Bassin, 43 pacientes eran seropositivos.
"Se puede pensar que el
índice no es elevado. Solo si lo comparas con África el
problema parece no ser tan terrible. La peculiaridad está en
que los costos son elevados. Eso impide un pesquizaje efectivo
en la población. Y se desconoce la cifra real de
infectados".
"Las difíciles condiciones
económicas impiden ese trabajo. No se puede llevar un estudio
profundo y general de la población de alto riesgo. Todo cuesta,
y los habitantes de la comuna no están en condiciones de
pagar".
"La ayuda humanitaria de una
religiosa canadiense permite, en ocasiones, disminuir el precio
de los análisis. De esa forma, convencer a la gente resulta
más fácil".
Yolan y Roro no podrán salvarse.
La vida se ha encargado de jugarles una mala pasada. Ahora, son
números, números en la agenda del doctor Jansel Pérez.
Indican la terrible verdad. No se conocen, no entienden porqué
están enfermos. Tal vez para entonces la vida les tenga
preparada una sorpresa.