Un árbol desconocido en Haití
Texto y Foto: Vladimir Marrero Aguilera

[03.05.2002]
A Michael Odisié le parecía que el mundo se le venía encima. Tenía una sacrolumbagia en estado crítico. Apenas podía caminar. Hasta que fue al hospital de Capotille, una comuna del departamento Nordeste de Haití. Allí fue atrapado por la sabiduría de la licenciada en Enfermería Rosa Guimará Mosqueda.

"Vino con una sacrolumbagia muy severa, caminaba sujetado de su esposa. Al llegar a mí, rápidamente comencé a aplicarle la terapia de la acupuntura. Durante dos semanas recibió este tratamiento. Ahora se siente muy bien. Todos los días viene a saludarme y a preguntarme en qué me puede ayudar."

GENTE DE PARQUES

Cuando llegué a la comuna y la vi frente a mí me pareció haberla conocido antes. La primera frase que escuché de ella fue: "tú eres de Holguín verdad". Con mucha alegría le contesté que sí y se estrechó entre mis brazos con una euforia indescriptible.

"Estaba deseosa de encontrarme con alguien de mi tierra para que me contara cómo andan las cosas por mi bella ciudad. Extraño los parques, mis gentes, las acostumbradas fiestas de las que Holguín se viste de gala: Romerías de Mayo, Fiesta de la Cultura Iberoamericana, Semana de la Cultura Holguinera, entre otras. Deseo que los meses pasen rápido para regresar a mi provincia".

Y me describe a Lizandra, su pequeña de cuatro años. Repite los cuentos habituales, las cosas de niños. Por un momento estoy allá, en la Perla del Caribe, y la veo jugar en las calles que yo también echo de menos. 
  
A esta enfermera, sus primeros días en Haití no le resultaron fáciles. Le afectaron la añoranza y el idioma. Sin embargo, Rosa no se amilanó. En la misma medida que atendía a sus pacientes, les hacía repetir las palabras una y otra vez. Hoy, tras 14 meses en la nación caribeña, habla con los haitianos como si hubiese nacido por estos parajes.

ÁRBOL DEL SABER

Jamás este pueblo ha encontrado un árbol así. La pobreza le ha negado el conocimiento. Pero Rosa ha traído esa semillita imprescindible para que la pequeña planta crezca todos los días. Fue una idea suya como estrategia de trabajo. Le llamó Árbol del Saber. Los más jóvenes la apoyaron. Ellos hablaban el español mejor que ella el creole.

El Árbol tiene numerosos frutos con el nombre de diferentes enfermedades. Esta alternativa se les comunicó casa por casa. Luego se reúnen en forma de audiencia, uno de los miembros escoge una boleta y se discute ese tema. Una vez abordada la temática, se circula como una materia ya vencida.

La iniciativa de Rosa fue presentada en el forum científico del departamento y obtuvo premio a nivel nacional, incluso el jefe de la misión médica recomendó que se extendiera al país entero.

"Es una satisfacción muy grande haber obtenido este reconocimiento en Haití. Cuando salí de Cuba lo hice con el convencimiento de que debía ayudar en todo a estas personas tan necesitadas. Pretendo hacerle más duradera la vida a los habitantes de esta comuna".

UN DÍA MUY ESPECIAL

Desde pequeña sintió afinidad por las jeringuillas y los estetos. Mas, su inclinación por la enfermería aumentó cuando supo que el Día Internacional de la Enfermera se celebra el 12 de mayo, el mismo en que vino al mundo.

Razones le sobran a Rosa para sentirse realizada. Para llegar a ser lo que es hoy, antes debió graduarse en dos especialidades bien distantes de la Medicina: Técnico Medio en Contabilidad, y en Mecanización Agrícola.

"Estudié estas ramas para no quedarme en la calle sin hacer nada. Pero nunca perdí las esperanzas de vestirme de blanco. Cuando menos lo esperaba publicaron en el periódico Ahora, una convocatoria para estudiar enfermería. Me presenté al examen y aprobé. Estoy contenta porque conseguí lo que realmente quería."

A esta holguinera de singular estatura no se le resiste ni el destino, por más que este le haya colocado obstáculos. Hasta los sueños se rinden ante ella paulatinamente, pues ya viste de bata blanca, y además, ha ganado prestigio por su labor, tanto en Cuba como en Haití.

Atesora experiencias tan especiales como realizarle el parto a una colega haitiana, sin guantes, sola, ni el mínimo de las condiciones requeridas. Pero su paciente era una enfermera como ella. Quizás esa circunstancia la impulsó a vencer el reto. En agradecimiento, a aquella niña la llamaron Rosy Daniella.

Tantos otros han sido conquistados, como Bernio Adriano, quien se acostumbró a su carácter y atenciones, y en un español muy familiar me dijo:

"Queremos que ella y la doctora pasen 100 años con nosotros. Las queremos mucho. Trabajan de día y de noche, cuando las necesitamos, y con gusto. Es mejor que no se vayan nunca."

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