Siquiera por un mañana
Texto y Foto: Joel Mayor

[17.04.2002]
¿Qué puede uno decir sobre los apagones cuando llega a Haití? En ciertos departamentos la corriente los alumbra dos, tres, cuatro o cinco horas máximo. En otros no hay. Generalmente, llega a partir de las 7:00 PM. En algunas comunas los médicos cubanos disponen de una planta para dos horas en la noche. En otras ni siquiera.

En San Rafael la dicha del fluido eléctrico dura poco. Eduardo Blanco, uno de los graduados con excepcional rendimiento, se "come la vista" leyendo sin la imprescindible luz artificial. Pero ha de continuar estudiando, pues en la vecina nación caribeña encuentra retos insospechados.

"Y a veces, embarazadas con siete meses de gestación acuden a la primera consulta. No pueden venir sistemáticamente porque les cuesta dinero. Entonces, tampoco se les puede dar el seguimiento requerido. Sin embargo, nos preocupa que la criatura nazca sin problemas".

La alarma queda en el corazón del joven capitalino. Mas, donde él concurren otros tantos. Se sucede un caso tras otro. Dice Eduardo que el miércoles será peor.

El único médico en la comuna ha de echarse sobre su espíritu cientos de problemas. Tal vez, en el próximo vuelo desde Cuba, vengan dos brazos más.

LOS HIJOS DE EVA EN HAITI

A las puertas del hospital de San Rafael se amontonan decenas de personas. Hoy reparten el cereal llamado blé (un suplemento alimentario) a los niños con bajo peso. Muchas mamás y pequeños vienen a buscarlo. Otros, aunque con el peso requerido, aguardan. Quizás les regalen un poco; esa es su esperanza.

Mientras, en el interior, Eva Falcón, enfermera obstetra, le da sales de rehidratación oral a Jackson Joseph, para no tener que ingresarlo, pues sabe que su familia es muy pobre, y no pueden pagar.

A esta santiaguera de 54 años los hijos trataron de quitarle la idea de la misión. "No vayas; tú estás muy vieja", le decían. "Pero uno nunca es viejo cuando quiere hacer algo útil en la vida. Es un sacrificio, un esfuerzo".

Entonces, llora. "Extraño a mis hijos y nietos. No obstante, pienso en las vidas que arrancamos de la muerte, y me siento bien. Ellos necesitan de nosotros. Esto ha sido lo más hermoso de mi carrera. He visto a otro pueblo y aprendido a cuidar la Revolución. Solo que se sufre mucho y no se puede hacer cuanto uno quisiera".

Eva ha sido distinguida como Vanguardia Nacional en seis ocasiones. A pesar de ello, los recuerdos de sus meses en Haití tirarán aún más fuerte de sus emociones. "Mi primer parto aquí fue traumático. El feto estuvo en la vagina demasiado tiempo. Ya sabía que de no ser rápido perderíamos al niño por asfixia.

"Ni siquiera conocía el idioma para decirle a la madre: ‘Puja, puja, síguelo; no lo cortes’. Y después de tanto trabajo, nació al fin. Deprimido, por supuesto. Luego he vuelto a ver a la mamá. Y creo que me mira agradecida, con una sonrisa amplia".

¿Y JACKSON?

Son muchas las historias que pudieran contarse. "Una mujer llegó para atenderse; había abortado el día anterior. Tenía fiebre. Se le puso antibióticos. Pensamos que había quedado algún resto, que el aborto hubiera sido incompleto. Cuando pasamos visita, ya no estaba. Escapó del hospital porque no tenía dinero para pagar", continúa la enfermera.

Eduardo añade que ha pasado malos momentos por falta de recursos para solucionar las urgencias. Solo una enconada voluntad, estudio y trabajo pueden conseguir el milagro de que las ciencias médicas ayuden a los casi 50 000 habitantes de esta comuna.

Eva toca el estómago de Jackson, el niño que llegó deshidratado. Se le ve feliz. Cree que el chiquitín podrá regresar a casa. Mas, Eduardo piensa lo contrario. Y Clara, la responsable de la brigada médica cubana en el departamento Norte, de visita en el lugar, opina igual. Es preciso hospitalizarlo.

Los padres dicen que no se pueden quedar. El ingreso les cuesta 100 gourdes. Sin embargo, Eduardo los convence. No pueden voltear el rostro en nombre de los que quedan en casa. Todos merecen, siquiera, esperar un mañana mejor.

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