Ella también vendrá a Haití
Por Joel Mayor Lorán

[25.04.2002]
De pronto me doy cuenta. Esa muchacha que conozco desde hace tanto, será protagonista de esta historia. Aplicará lo aprendido, quizás, en una comuna de la cual podrá bajar una vez en 30 días, debido a la distancia y las condiciones del camino. Y ayudará, seguro: no me cabe duda de que integrará el grupo de graduados con excepcional rendimiento.

Ella no sabe que me atrevo a contar estos detalles de su vida. Si se entera, no lo aprueba. Siempre ha sido alumna de cien puntos. Aunque algunos le vaticinaron que en el IPVCE Mártires de Humboldt 7 sería diferente, resultó la graduada integral de aquel curso.

Tendría que definir sus opciones en el duodécimo grado. Pensó en cibernética, en psicología, y hasta sus ojos se alumbraron cuando se decidió por el pedagógico. Pero cambió de parecer en otras tantas oportunidades. Solo una cosa creía saber: no estudiaría Medicina, pues sus tres hermanos son médicos, con eso bastaba.

¿Y qué carrera escogió? La de salvar vidas humanas. Al principio pensé que era solo un capricho, un embullo de última hora. Me equivoqué. Poco a poco la semillita escondida que sembró su padre, germinó. La escuchaba hablar del funcionamiento del organismo y quedaba satisfactoriamente alelado.

De nuevo hubo vaticinios con las notas. En la universidad cualquiera se gana un dos en una pregunta escrita. O un tres en un trabajo de control. Sin embargo, al finalizar el primer año terminó con cinco. Perdón, y algunas centésimas o décimas más por los exámenes de premio.

Ahora está enamorada de su carrera. Yo vine a Haití a reportar la labor de los médicos cubanos en esta nación. Y me percato de que ella vendrá también, con su bata blanca y sensibilidad presta a ayudar a nuestros vecinos caribeños. Se conmoverá como este periodista amigo suyo, solo que no vamos a coincidir en tiempo.

Por eso me adelanto, porque sé que vendrá, y entonces será otro el reportero. Me la voy a perder trepada en un tap tap, o subiendo y bajando lomas como si fuera al Turquino todos los días.

No tendré la oportunidad de escucharla hablando creole ni de verla metida en las casas de los haitianos sin miedo a enfermarse, a fin de propiciarle una vida más sana a este pueblo hermano.

Hace poco salí a la calle en busca de una tarjeta de teléfono para llamar a casa. Era domingo en la tarde y no había supermercado abierto. Un joven me ayudó a encontrar un sitio donde las vendían.

Luego me preguntó mi nacionalidad. Al saberla, quiso que le enviara un saludo a Fidel. Como si yo mismo pudiera dárselo. Y me pidió, además, le transmitiera que podía contar con él para defender la Revolución.

No solo se expande por el mundo la realidad de Cuba, a pesar de tantas mentiras de las grandes cadenas noticiosas, sino que nuestros médicos llevan parte de esa verdad en su quehacer humanitario y sincero en otras tierras. Ese encuentro me decidió a escribir estas líneas, porque en poco tiempo también serán para esta nueva doctora.

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